La únca forma de aprovechar las oportunidades que se presentan en la vida es contar con todos los recursos posibles en todo momento y hay dos formas de aprenderlo; dejando pasar varias oportunidades o que alguien te lo advierta antes y te des cuenta que si hubieras contado con los recursos necesarios en ese momento no estarías dejando pasar cierta oportunidad. Aunque las dos parecen iguales, la diferencia entre una y otra radica en el tiempo que tardas en aprender la lección, siendo la segunda la más rápida.
Este fue el caso para tomar esta fotografía; cuando nos fuimos a acampar a Tamasopo, llevabamos casi todo lo necesario para hacer de nuestro campamento un hotel de cinco estrellas (o por lo menos casi tres), entre ellas el equipo fotográfico. Empezamos a poner el campamento ya cerca de la puesta del sol y se nos hizo de noche rápido. Recuerdo que estábamos a la mitad de nuestro único alimento del día, estábamos hambrientos y sedientos, comíamos salchichas y carne asada y tomábamos mucha cerveza, fue entonces cuando perdido en la obsuridad de la noche y pensando en absolutamente nada noté que la luna se asomaba en el horizonte redonda y color naranja. No tardé en darme cuenta que una de esas oportuidades que cualquier aficionado a la fotografía espera, pero como tal, se presentaba cruda y sin forma, había algunos árboles alrededor y un campo iluminado por luz tenue del astro satelital terrestre. Me dirigí a tomar lo que según yo podría ser la mejor fotografía que podría tomar en ese día, sin embargo, cuando empecé a hacer las fotografías entre la torpeza que genera la impaciencia y la falta de pericia para operar la cámara sin luz las fotos no salían como esperaba. Tomé un par de fotos y me regresé sin desilusión al campamento. Cuando llegué a el, ahí estaba, la luna haciendo un contra luz hermoso tras el árbol que quedaba justo en el lugar del que partí inicialmente.
La fotografía la intenté numerosas veces y aunque la escasa luz me impedía enfocar de forma adecuada, logré un par de fotos que me gustaron.
La moraleja de la historia es que no basta con que se te presente la oportunidad; tienes que trabajarla, desarrollarla y luchar por ella, y al final, si piensas que todo va mal, nunca es muy tarde para iniciar de nuevo.
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